Bienestar para tu vida cotidiana

tu blog de crecimiento personal

viernes 1 de julio de 2011

Palabras trampa

¿Te has observado alguna vez usando términos como "nunca", "siempre", "todo" o "nada"?
Se trata de palabras aparentemente inofensivas; sin embargo guardan un gran poder dentro de si.
A los psicólog@s, en la tradición cognitiva, nos gusta llamarlas: palabras trampa. Tendemos a emplearlas en todo tipo de situaciones y de manera generalizada, pero sobre todo cuando hablamos acerca de nosotr@s mism@s y de los comportamientos de las personas de nuestro entorno. Y debemos saber que estos términos absolutos y dicotómicos afectan de manera negativa a nuestro autoconcepto; es decir, a la manera en que me percibo a mi mism@, y a nuestras relaciones interpersonales. ¿Cómo?

  • En relación a nuestro autoconcepto: Si nos decimos una y otra vez que "nunca" hago "nada" bien... estoy asumiento que desde que nací hasta ahora he sido incapaz de realizar algo con éxito. Y eso no es cierto. ¿Nunca? ¿Nada? La realidad es que no atendemos a aquellas veces en las que conseguí mi objetivo y/o no le doy el valor que realmente merece aquello que hago adecuadamente. Esto trae consigo que piense que soy torpe, inútil, desgraciad@, etc. ¿Cómo puedo ser feliz en estas condiciones? Se hace complicado...
  • En relación a las personas con las que nos relacionamos: Si ,por ejemplo, nos comunicamos desde el ""todo" el tiempo estás con el ordenador", no estamos teniendo en cuenta aquellos momentos en los que esa persona hace algo distinto y no reforzamos aquello que deseamos (que no esté con el ordenador). Así, esa persona asumirá su papel asignado y cumplirá con él. Además, dejará de hacer cosas distintas que pudieran gustarnos porque no son valoradas y parecen inútiles.
Al hablar en términos absolutos y tomar el todo por la parte, limitamos las posibilidades futuras de actuación y definimos la realidad sin opciones alternativas.

Te propongo un ejercicio:
  1. Observa durante algunas semanas cómo se comunican las personas de tu entorno, el uso de estas palabras trampa y su efecto.
  2. Cuando hayas podido darte cuenta de esa comunicación, trata de observarte tú para descubrir cómo te hablas y cómo les hablas.
  3. Cambia aquellas palabras absolutas que tiendas a usar por términos menos peligrosos: casi siempre, con frecuencia, poco, etc...
¿Te animas a mejorar la comunicación en tu entorno?

viernes 20 de mayo de 2011

Responsabilidad social... e individual

Hoy, la sociedad española es noticia a nivel internacional. No sólo por tener un porcentaje de paro aterrador, o por estar a la cola de Europa en sueldos... sino por haber demostrado que hay vida en nosotros/as y que no nos da lo mismo todo.

De alguna manera y gracias a unos/as pocos/as, se ha despertado en la sociedad española ese espíritu reivindicador y con ganas de cambios que caracterizó a nuestros padres y madres en los años 70. Por fin lo sentimos en nuestras carnes, y por fin lo dejamos salir en grupo y de manera pacífica. Eso me alegra. Sin embargo siento que en necesario añadir a nuestro discurso de "no nos representan" el de "esto también ha sido responsabilidad mia como cuidadano/a". Durante muchos años hemos vivido cómodamente, nos hemos dejado comer el terreno y ahora tenemos lo que tenemos. Es hora de cambiar las cosas desde la raíz, y es lo que está ocurriendo. La ciudadanía habla alto y claro, en grupo y para que se le escuche. Por fin hablamos y usamos las herramientas que tenemos: el diálogo, la concentración no violenta y el voto.
Movimiento por una democracia real

Si de algo nos caracterizamos los españoles y españolas es de ser un pueblo de bien, donde se acoge, se perdona, donde se cambia si es necesario y se proponen mejoras.

Ahora hace falta que este movimiento continúe tras las elecciones y sea escuchado, atendido y tenido en cuenta más allá del resultado electoral.

Este post es mi enhorabuena al ejercicio de la responsabilidad personal que existe en España y un gracias a quienes todos los días acuden a la Puerta del Sol para apoyar este movimiento social.  

viernes 18 de febrero de 2011



Hace unos días hablaba con una amiga que tiene una hija pequeña lo mucho que ésta se fija en la televisión cuando está encendida. Y es que les gusta mucho. Por eso mismo, las madres y padres debemos dedicarle una especial atención a este medio socializador. No se nos puede olvidar que es un agente de educación y que ver la televisión es un acto social. Lo es porque por medio de esta caja el niño o niña ve escenarios sociales, modelos sociales, ve metas sociales, relaciones entre personas, etc. Y aprende a través de ellos.






Nuestros pequeños y pequeñas ven atrapada su atención por los rasgos del código televisivo. Su atención se centra, hasta los 9 años aproximadamente en colores brillantes, música, imágenes de otros niños y niñas, de mujeres, y especialmente en aquellos estímulos auditivos y visuales que se dan al mismo tiempo, aunque priman el visual al auditivo. El ritmo también les seduce, necesitan volver a la información varias veces y requieren de apoyos verbales. Al pasar de los nueve años comienzan a darle más importancia al contenido y comienzan a captar la gramática de la TV. Así, por ejemplo, os daréis cuenta de que son capaces de anticipar que algo malo va a ocurrir cuando suena una música terrorífica. ¿No es maravilloso ir creciendo?




También la tv tiene una carga emotiva y, de alguna manera, también es una escuela de emociones ya que genera expresiones emocionales, reacciones emocionales típicas, creencias implícitas… Es en este punto donde nos necesitan especialmente. Existe un fenómeno, el de la discrepancia, que consiste en el distanciamiento que debemos poner entre nuestra emoción y el personaje que vemos. Las personas adultas somos capaces de volver a la realidad, de distanciarnos, sin embargo, al niño/a le cuesta regresar a la vida real porque le cuesta distinguir entre su propio yo y el del personaje que está visionando. Debemos ayudarles a interpretar los contenidos emocionales y a que establezcan esa distinción entre si mismos/as y las personas que aparecen en pantalla. En este sentido, la familia tiene una función mediadora al ayudarles a interpretar lo que están viendo. Además, nuestra función ha de ser la de dosificar el consumo de la televisión, seleccionar el contenido del mismo, contextualizar y valorar los programas a los que tienen acceso, y aprovechar la tv como herramienta educativa.


Lo que no ayudará a nuestra labor como educadores y educadoras es prohibir la tv, utilizarla como premio o castigo, y mucho menos utilizarla para que nos dejen tranquilos/as a modo de niñera.


Sabemos que educar no es fácil, pero sí una responsabilidad. Y como lo es y no dejará de serlo aunque no tengamos tiempo, ganas o experiencia, mejor será atender a esta realidad. Os propongo un análisis sincero de cómo gestionáis el uso de la tv en casa, y que os marquéis retos en la educación de vuestros/as pequeños/as. Se lo merecen y nos lo merecemos. De ellos depende el futuro.